En el 49º aniversario del secuestro y desaparición de jóvenes estudiantes de La Plata, Argentina renueva el compromiso de honrar su memoria y de mantener viva la exigencia de verdad y justicia.
En el 49º aniversario del secuestro y desaparición de jóvenes estudiantes de La Plata, Argentina renueva el compromiso de honrar su memoria y de mantener viva la exigencia de verdad y justicia.

Era septiembre de 1976 en La Plata, poco tiempo después del golpe cívico-militar que instauró una de las dictaduras más brutales de la historia argentina. La represión, implacable y sistemática, penetraba el tejido social con el único objetivo de aniquilar a quienes, desde la juventud, defendían ideales de justicia, democracia y derechos humanos.
En ese contexto, la madrugada del 16 de septiembre marcó un capítulo oscuro y emblemático: la Noche de los Lápices. Ese día, un grupo de estudiantes secundarios activos en la búsqueda del boleto estudiantil gratuito —un derecho básico que defendían con convicción— fueron secuestrados por fuerzas policiales y militares bajo las órdenes del general Ramón Camps y comandantes como Miguel Etchecolatz.
En total, diez jóvenes militantes fueron detenidos ilegalmente y torturados en los centros clandestinos de detención que operaban en la provincia de Buenos Aires. Entre ellos: Claudio de Acha, Gustavo Calotti, María Clara Ciocchini, Pablo Díaz, María Claudia Falcone, Patricia Miranda, Emilce Moler, Francisco López Muntaner, Daniel Racero y Horacio Ungaro. Cuatro de estos estudiantes sobrevivieron para contar su historia y para ser testigos clave del horror y la dignidad humana que sobrevivió a la oscuridad. Sin embargo, seis de ellos —de los cuales aún no se encuentran sus restos— permanecen desaparecidos, con un silencio impuesto que reclama reparación y memoria.
Los jóvenes no sólo reclamaban el boleto estudiantil: su militancia política, vinculada a agrupaciones como la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), mayormente con orientación peronista o de izquierda, y estaba orientada a transformar una sociedad marcada por la desigualdad y la represión. Ese sueño de un futuro más justo y libre fue cercenado brutalmente, pero quedó grabado en la conciencia social argentina como símbolo de resistencia .
La Noche de los Lápices no fue un hecho aislado. Fue parte de un plan sistemático de exterminio de la juventud organizada y militante que articulaba la dictadura. El accionar represivo buscaba erradicar cualquier voz disidente, silenciar la participación democrática y sembrar un miedo paralizante en la sociedad. Los centros clandestinos, “pozos” como los de Banfield, Arana o Quilmes, se convirtieron en sinónimo de tortura y desaparición.
La memoria de estos estudiantes es hoy patrimonio de toda la sociedad. Preservarla implica abrazar la responsabilidad de educar sobre los derechos humanos, el valor de la participación política y la defensa intransigente de la democracia. Organizaciones como Abuelas de Plaza de Mayo, junto a los sobrevivientes y sus familias, trabajan para mantener viva esa llama de la memoria activa, una lámpara que alumbra el camino para que jamás vuelva a repetirse semejante horror .
El testimonio de Pablo Díaz, y de otros sobrevivientes, fue fundamental para que el caso tuviera salida pública y judicial en el histórico Juicio a las Juntas. Ese impulso de verdad y justicia permitió condenas para muchos de los responsables, pero el reclamo permanece abierto sobre la ubicación de muchos cuerpos y la reparación integral para las víctimas.
En épocas donde la democracia se pone en duda, y se banaliza el símbolo del “Nunca Más”, dónde se cuestiona la criminalidad y el horror perpetuado en manos del Estado en la última dictadura cívico-militar, es deber de la sociedad -toda- seguir regando la memoria del pueblo argentino.
A 49 años, los argentinos continúan reafirmando su compromiso social y político con la memoria, la verdad y la justicia. La Noche de los Lápices es mucho más que un hecho para recordar: es un llamado vivo a defender la dignidad, la libertad y los derechos humanos para las generaciones presentes y futuras.
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