La historia del fútbol argentino está atravesada por la Copa Libertadores, el Racing de José, el Rojo Rey de Copas, el Estudiantes de Zubeldía y Bilardo, el Vélez y Boca de Bianchi y los River de Gallardo. Todo eso ya es un recuerdo que la supremacía de Brasil envuelve en la nostalgia del “nos sabés cómo jugaba ese equipo”. De las últimas 10 ediciones, 8 las ganaron equipos de Brasil y lo más abusivo es que sólo 4 equipos argentinos llegaron al último partido y que de las recientes 6 finales, 5 se disputaron entre equipos del Brasileirao.
Ahora arranca una nueva edición, la 67ma, que tendrá la final única el 28 de noviembre en el Estadio Centenario de Montevideo y cuesta encontrar motivos con reservas fuertes que nos hagan suponer que allí estarán algunos de los equipos argentinos clasificados como Boca, Estudiantes, Lanús, Platense, Independiente Rivadavia Mendoza y Rosario Central. Nunca como en mucho del último tiempo, se impone la frase “esto es fútbol y todo puede pasar”. Parece todo más colgado de un milagro que del árbol de la razón.
A Boca le cuesta ganar en el torneo local, Estudiantes es copero pero cambió de DT y busca una identidad, Rosario Central tiene la carta de Di María pero los naipes se cuentan de más y la Lepra mendocina y el Calamar viven más el sueño de jugar que de ganar. Quizá Lanús sea el equipo con más pretensiones reales luego de ganar la Sudamericana y la Recopa en Brasil. Pero su historia apenas si registra la final del 2017 que perdió con Gremio y un par de títulos de segundo orden en Conmebol.
Esta semana empieza la competencia y no parece haber en los grupos que les tocaron a los argentinos una fase inicial cómoda, lo que hace suponer que la tendencia al menos en la previa sea la de los últimos años. Mientras el fútbol argentino siga perdiendo figuras y el brasileño las recupere, mientras los presupuestos millonarios crezcan allí y se empobrezcan acá y mientras en el torneo del Brasileirao cada vez hay más show y en el argentino cada vez aburre más, va a costar jugarles mano a mano en el terreno de la Conmebol.