EE. UU. E IRÁN SE REÚNEN EN PAKISTÁN PARA TRABAjaR en UNA PAZ “CASI IMPOSIBLE”

Bajo la atenta mirada del mundo, el vicepresidente estadounidense JD Vance y el titular del parlamento iraní Mohammad Bagher Ghalibaf inician en Islamabad una cumbre clave. El corresponsal Román Lejtman analiza las “líneas rojas” de Trump y Khamenei.

El bombardeo ocurrió durante horas de clase con unas 170 niñas presentes (edades 7-12 años)
El bombardeo ocurrió durante horas de clase con unas 170 niñas presentes (edades 7-12 años)

El tablero de ajedrez geopolítico de Medio Oriente se traslada esta semana a Pakistán. Según informa el periodista Román Lejtman desde Washington, mañana se llevará a cabo un encuentro de alto nivel en Islamabad que podría cambiar el rumbo de la guerra regional. Los negociadores designados, el vicepresidente de EE. UU., JD Vance, y el titular del Parlamento de Irán, Mohammad Bagher Ghalibaf, se verán las caras con la mediación del primer ministro paquistaní, Shebbaz Sharif, en un intento por sellar un cese del fuego definitivo.

Sin embargo, detrás de la mesa de diálogo se esconden dos figuras cuyas exigencias parecen destinadas a chocar: Donald Trump y el líder supremo iraní, Mojtaba Khamenei. Lejtman advierte que ambos mandatarios han trazado “líneas rojas” que son, por su naturaleza, casi imposibles de conciliar, convirtiendo este proceso en un derrotero frágil e incierto.

El pliego de condiciones de Trump y Khamenei

Para la Casa Blanca, la paz no es un cheque en blanco. Trump exige el desmantelamiento total del programa nuclear y de la fabricación de misiles balísticos, la liberación del tránsito en el estrecho de Ormuz y el fin del apoyo de Teherán a organizaciones como Hezbollah, Hamas y los hutíes.

Del otro lado de la mesa, la hoja de ruta de Khamenei es igualmente ambiciosa. Irán reclama el reconocimiento de su derecho a enriquecer uranio, garantías de no agresión, el retiro de las fuerzas de combate de EE. UU. en la región y cuantiosas reparaciones económicas para reconstruir el país tras las sanciones. Como señala Lejtman, aunque Trump podría acceder a levantar ciertas sanciones como “gesto de buena voluntad”, se mantendrá inflexible en los puntos que afectan la seguridad nacional de sus aliados.

Aliados y resistencias internas

La presión no solo viene de los negociadores. Israel, liderado por Benjamin Netanyahu, ha dejado claro que no abandonará su ofensiva militar contra el terrorismo en Líbano y Gaza. Simultáneamente, la Liga Árabe —desde Arabia Saudita hasta Qatar— asume que las bases militares estadounidenses en sus territorios son la única garantía real de disuasión frente a una eventual ofensiva de Teherán.

En el plano personal, la cumbre pone a prueba el temple de sus protagonistas. JD Vance asume la responsabilidad con la ventaja de haber planteado objeciones tácticas a la guerra en el pasado, lo que podría darle un margen de maniobra distinto frente a Netanyahu. Por su parte, Ghalibaf llega como una pieza clave de Khamenei, pero bajo el fuego cruzado de la Guardia Revolucionaria, que resiste cualquier concesión que pueda interpretarse como una rendición.

Con solo 15 días para intentar resolver una crisis que arrastra 47 años de hostilidad, el pronóstico de Lejtman es de una cautela extrema. Las posiciones de máxima de ambos bandos sugieren que, aunque el desembarco en Pakistán sea un hito diplomático, el camino hacia una paz duradera sigue bloqueado por una intransigencia geopolítica que ninguno de los líderes parece dispuesto a ceder.

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