Retroceso histórico de los ingresos básicos y fuerte caída de la ocupación registrada en Argentina

Entre noviembre de 2023 y marzo de 2026, el salario mínimo perdió el 39% de su capacidad de compra, alcanzando niveles críticos históricos. Esta erosión salarial coincidió con la destrucción de 304.000 empleos formales, afectando principalmente a la industria y el comercio.

El salario mínimo perdió casi el 40% de su poder de compra durante la actual gestión.

El panorama laboral y salarial en el país atraviesa una fase de profunda fragilidad. Durante el período comprendido entre finales de 2023 y el primer trimestre de 2026, la capacidad de compra del sueldo mínimo experimentó un derrumbe del 39%. Esta contracción sitúa a los ingresos más bajos en niveles extremadamente críticos, superando incluso la desvalorización observada durante el estallido de la convertibilidad en 2001. En términos reales, el piso salarial actual representa apenas una fracción de su máximo histórico registrado hace más de una década.

El impacto de la inflación sobre la remuneración mínima

A pesar de que se autorizaron ajustes nominales con frecuencia mensual, la aceleración de los precios neutralizó cualquier intento de mejora. El fenómeno de pérdida de valor real fue especialmente agresivo durante los meses iniciales de la actual gestión, con descensos de doble dígito que marcaron una tendencia difícil de revertir. Hacia marzo de 2026, el Salario Mínimo, Vital y Móvil se posicionó en términos de poder adquisitivo muy por debajo de los estándares históricos recientes, consolidando un empobrecimiento de los sectores con menores ingresos.

Dinámicas desiguales entre el ámbito público y privado

La evolución de las remuneraciones no fue uniforme en todo el ecosistema laboral. Mientras que en el sector privado se observaron breves períodos de estabilización y ligeras recuperaciones hacia mediados de 2025, el sector público padeció un ajuste mucho más severo y prolongado. Los empleados estatales han visto cómo sus sueldos reales se mantienen casi un 18% por debajo de los niveles previos al inicio del actual ciclo político, enfrentando una brecha del 41% respecto a sus mejores registros de la última década.

Destrucción de puestos de trabajo y crisis en la industria

En paralelo a la erosión salarial, el mercado de trabajo formal sufrió la pérdida de más de 300.000 plazas de empleo con cobertura de seguridad social. Esta reducción del 3% en la nómina total de asalariados afecta tanto a la administración nacional como a las empresas privadas. La industria manufacturera y el rubro comercial encabezan la lista de sectores más afectados, acumulando varios meses de despidos y falta de reposición de vacantes. Por su parte, la minería presenta una paradoja notable: a pesar de mostrar un crecimiento en su nivel de actividad, mantiene una trayectoria de destrucción de puestos de trabajo que se extiende por más de un año y medio.

Disparidad regional y rotación de personal

El análisis geográfico revela que catorce provincias argentinas registraron bajas en el empleo privado, con Tierra del Fuego y Corrientes entre las más perjudicadas, mientras que la Ciudad de Buenos Aires operó como el principal epicentro de la caída general. El escenario se completa con una dinámica de rotación laboral donde las salidas de trabajadores superan consistentemente a las nuevas incorporaciones. Las desvinculaciones por renuncia siguen siendo mayoritarias, aunque los despidos y la finalización de contratos por tiempo determinado han ganado terreno en un contexto donde apenas el 9% de las compañías planea incrementar su dotación de personal.

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