Pese a registrarse una recuperación estadística en el último bienio, la fragilidad socioeconómica de las infancias y adolescencias en Argentina continúa siendo una problemática estructural de difícil resolución. El relevamiento del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) para el año 2025 determinó que el 53,6% de los menores de 18 años reside en hogares con ingresos insuficientes para cubrir la canasta básica, mientras que la indigencia se ubicó en el 10,7%. Aunque estos guarismos representan un respiro frente a los picos críticos de años anteriores, los analistas advierten que la cifra actual triplica los registros de las décadas previas, consolidando un piso de exclusión que se ha vuelto crónico. El informe resalta que, si bien el descenso de la indigencia respecto al 17,7% de 2024 es una noticia favorable que acerca los datos a los niveles de 2017, la brecha de desigualdad sigue profundizándose en los sectores más postergados.
La carencia no solo se manifiesta en la billetera de los hogares, sino que impacta de lleno en la alimentación y la salud pública. Casi el 30% de los chicos del país padece inseguridad alimentaria, y más de un 13% enfrenta situaciones de hambre severa por falta de recursos. Esta realidad ha forzado a que la asistencia del Estado y de organizaciones comunitarias alcance un máximo histórico, cubriendo al 64,8% de la población infantil mediante comedores y programas como la Tarjeta Alimentar. En paralelo, la crisis multidimensional ha provocado que dos de cada diez niños suspendan sus visitas al médico o al odontólogo por cuestiones monetarias, postergando tratamientos básicos que afectan su calidad de vida a largo plazo.
El déficit habitacional y las condiciones de vida en el entorno doméstico completan un panorama complejo para el desarrollo de las nuevas generaciones. Actualmente, cerca del 18% de los jóvenes habita en viviendas precarias, mientras que un 42% carece de sistemas de saneamiento adecuados, lo que expone a los menores a riesgos sanitarios constantes. Los expertos de la UCA enfatizan que las transferencias directas de dinero, aunque indispensables para evitar una catástrofe mayor, son insuficientes por sí solas para revertir el fenómeno, ya que no logran suplir la falta de empleo formal y digno de los adultos. Finalmente, el estudio vincula este escenario de inestabilidad sostenida con una caída drástica en la natalidad nacional, reflejando que la precariedad económica ha alterado las decisiones familiares y la estructura demográfica del país de cara al futuro.