La paradoja del “CEO de la reelección”
El destacado editorialista, Claudio Jacquelin, desmenuza los descomunales desafíos que enfrenta el flamante jefe de Gabinete y ministro del Interior, Diego Santilli, tras la eyección de Manuel Adorni. Detrás de su habitual desparpajo y su irónica frase de bienvenida (“Tengo un miedo…”), Santilli asume consciente de que las expectativas depositadas sobre él chocan con la naturaleza profundamente desconfiada del Poder Ejecutivo. El autor define el rol asignado al nuevo ministro:
“Los Milei esperan resultados rápidos en algunas cuestiones primordiales para su proyecto político y de poder… Santilli vendría a ser el CEO de la Compañía Oficial de Pavimentación de la Reelección (COPaR SA)”.
Para asegurar esa ruta hacia 2027, Santilli debe suturar el dañado capital simbólico del oficialismo y convencer a una dirigencia dialoguista (gobernadores y radicales) que arrastra un fuerte escepticismo debido a sistemáticos incumplimientos previos de la Casa Rosada.
La valla de la reforma electoral y las colectoras
El primer gran examen de gestión es la reforma electoral, donde el karinismo busca eliminar las PASO e imponer las listas colectoras para blindar la candidatura presidencial de Milei sin fragmentar sus apoyos subsidiarios. Sin embargo, los antecedentes inmediatos de la última contienda legislativa juegan en contra: Karina Milei y los Menem terminaron financiando a retadores locales en las provincias bajo la bandera de la “pureza libertaria”, rompiendo las promesas de paz territorial.
Hoy, Santilli y el estratega Santiago Caputo —quien coincide tácticamente con el nuevo ministro tras ser derrotado en la interna partidaria— deben reconstruir la confianza de los jefes provinciales, ofreciendo como garantía el RIGI y la promesa de “emiratos cordilleranos” basados en la explotación de recursos naturales para compensar la pérdida de fondos coparticipables.
Internas en el palacio y el cerco a los Menem
El éxito de Santilli requerirá de un complejo equilibrio fiscal y político. Por un lado, dependerá de su histórica relación con el ministro Luis “Toto” Caputo para destrabar recursos que lubriquen los votos en el Parlamento. Por el otro, deberá mediar en la intervención directa que Karina Milei ha desplegado sobre el Senado para contener la autonomía de Victoria Villarruel y el independentismo de Patricia Bullrich.
Finalmente, Jacquelin advierte que las heridas del “AdorniGate” siguen abiertas. Javier Milei no digiere haber tenido que entregar a su amigo y se muestra irritado por la falta de coraje del exvocero para resistir el archivo de sus propias mentiras. En este clima de iras mal canalizadas y autolesiones oficiales, el entorno presidencial confirma que la lupa del mandatario se ha posado sobre sus propios coroneles: “Los sirios [sic] están bajo la lupa de Javier, en especial Lule [Menem]”, revelando que las mayores amenazas para la pavimentación de Santilli habitan en el propio seno del oficialismo.