En un gesto político de fuerte impacto institucional, la Provincia de Buenos Aires confirmó que no formará parte de la trigésima edición de la Feria Internacional de Turismo de América Latina (FIT), el encuentro de promoción turística más relevante de toda la región latinoamericana que se desarrollará a finales de septiembre en La Rural. La decisión, adoptada por el gobierno de Axel Kicillof, quebrará una presencia histórica en el evento y fue oficializada por la subsecretaria de Turismo bonaerense, Soledad Martínez, durante la asamblea del Consejo Federal de Turismo. Desde la administración provincial argumentaron que la ausencia no responde únicamente a razones presupuestarias, sino a una estrategia política deliberada para visibilizar la profunda recesión del sector y cuestionar el rumbo económico trazado por la administración nacional encabezada por Javier Milei.
La medida permitirá al Ejecutivo bonaerense redirigir una suma millonaria en momentos de extrema austeridad de las cuentas públicas en la provincia. Según precisaron fuentes oficiales de la cartera turística, el costo total de montar el tradicional stand de 840 metros cuadrados —sumado a la logística, el traslado de personal y el material promocional— demandaba una inversión cercana a los 1.000 millones de pesos. Frente a este escenario, la postura del gobierno provincial fue tajante: reasignar esos recursos hacia canales de promoción directa y asistencia financiera directa para las gestiones de los distintos municipios bonaerenses. Martínez explicó que la prioridad es atender las urgencias concretas de los prestadores locales antes que sostener un gran despliegue publicitario, en el marco de una decisión que calificó como “fundamentalmente política”.
El trasfondo de esta determinación se sustenta en los preocupantes indicadores registrados durante el último receso invernal, considerado por el gobierno de la provincia como el peor balance turístico desde el período crítico de la pandemia. Los informes técnicos elaborados por la cartera provincial revelaron una caída del 11,5% en la cantidad de visitantes respecto del año pasado y un derrumbe del 22,3% en comparación con 2023. De manera paralela, la contracción en los ingresos reales del sector alcanzó un 29%, acompañada por un recorte de seis puntos en la estadía media de los viajeros y un descenso pronunciado del consumo en áreas como gastronomía, comercio y entretenimiento en la totalidad de los destinos turísticos bonaerenses.
El impacto de este fenómeno se sintió con extrema dureza en la infraestructura hotelera de las principales localidades balnearias, serranas y rurales del territorio bonaerense. Durante las vacaciones de invierno, numerosos empresarios del sector optaron por no abrir sus instalaciones, al considerar que permanecer cerrados generaba menores pérdidas que afrontar los elevados costos operativos fijos sin contar con una demanda turística mínima garantizada. En establecimientos de cuatro y cinco estrellas se registraron ocupaciones irrisorias de apenas dos habitaciones sobre más de cien disponibles. La crisis afectó severamente a destinos masivos como Mar del Plata, donde las ventas comerciales vinculadas al receso invernal cayeron un 4,9%, según datos aportados por la Unión de Comercio, Industria y Producción (UCIP).
Operadores turísticos de la provincia describieron un panorama sumamente complejo y desalentador, remarcando que incluso la oferta de tarifas agresivas por debajo del costo resultó insuficiente para incentivar las reservas. Esta dinámica terminó pauperizando la calidad de los servicios prestados sin lograr dinamizar el consumo. La pérdida del poder adquisitivo en las familias y el constante incremento de los costos de los servicios públicos quebraron la rentabilidad de las pequeñas y medianas empresas dedicadas al hospedaje, el transporte de pasajeros y la oferta de gastronomía tradicional y regional.
Ante esta parálisis, la conducción turística provincial apuntó contra el secretario de Turismo, Ambiente y Deportes de la Nación, Daniel Scioli, a quien acusó de ser “partícipe de la destrucción del turismo interno”. Aunque desde la gobernación reconocieron que Scioli no diseña las variables macroeconómicas del gobierno central, denunciaron que avala y defiende un modelo de ajuste que paralizó la circulación de viajeros. De este modo, la baja de Buenos Aires de la FIT expone la gravedad de la crisis y profundiza el enfrentamiento político entre la provincia y el Poder Ejecutivo nacional.