El EAAF identificó los restos de un estudiante universitario desaparecido en el Pozo de Vargas
El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) identificó los restos de Carlos Rafael Medina González, un estudiante universitario de 20 años que fue secuestrado en su domicilio en abril de 1976, cuyo cuerpo fue hallado en el Pozo de Vargas, en la provincia de Tucumán. Con esta confirmación, asciende a 122 el número de víctimas restituidas con nombre y apellido en la fosa clandestina más grande del país, donde se ha determinado la existencia de al menos 149 personas (121 hombres y 28 mujeres).
Medina González fue víctima de desaparición forzada durante los primeros meses de la última dictadura cívico-militar. Sus restos fueron ocultados en la fosa situada en la zona de Tafí Viejo, al noroeste de San Miguel de Tucumán. Se trata de una construcción circular originalmente destinada a proveer agua, que cuenta con tres metros de diámetro y 37 metros de profundidad, utilizada por el terrorismo de Estado como centro de inhumación clandestina.
El proceso para lograr esta identificación demandó años de trabajo debido a la extrema complejidad del sitio. La forma en que fueron arrojados los cuerpos, la estructura interna, la humedad del ambiente y el paso del tiempo provocaron que no se recuperaran esqueletos individualizables. Los equipos científicos debieron trabajar sobre 38.000 restos óseos mezclados y fragmentados, junto con prendas de vestir y pequeños objetos, ante la ausencia total de registros documentales sobre la cantidad o procedencia de las personas arrojadas allí.
Las investigaciones en el predio iniciaron en 2004, cuando el Grupo Interdisciplinario de Arqueología y Antropología de Tucumán (GIAAT) realizó las primeras pruebas que confirmaron la presencia de restos humanos. Las posteriores excavaciones arqueológicas, que se extendieron por casi dos décadas tras superar diversos obstáculos presupuestarios, estuvieron a cargo del Colectivo de Arqueología, Memoria e Identidad de Tucumán (CAMIT).
Finalmente, en 2011 el EAAF comenzó a recibir el material extraído del pozo. Mediante el análisis de perfiles genéticos, la organización forense logró establecer el número mínimo de individuos enterrados en el lugar y continúa llevando adelante el minucioso proceso de reagrupación intraesqueletal e identificación de las víctimas.