Las redes, la impaciencia, la falta de tolerancia y un fútbol sin proyecto

El fútbol del “3.0”: 10 fechas, 30% de técnicos afuera y una intolerancia social que devora proyectos. ¿Se quedó el hincha sin memoria y sin tiempo?

Marcelo Gallardo, ex director técnico de River. Foto: NA.

leonardo peluso, periodista

El mundo ya no tiene paciencia. La satisfacción por el resultado inmediato y la falta de tolerancia a la frustración son conductas tan insalubres como habituales. El fútbol, quizás, sea el lugar donde más se sufre: en 10 fechas casi el 30 por ciento de los equipos ya se quedó sin DT.

Mientras el mundo busca resolver en una semana problemas que llevan siglos juntando esquirlas, mientras millones persiguen que una apuesta —financiera o del azar— les ordene el futuro, mientras las pantallas devuelven una satisfacción que dura lo que tarda en aparecer la siguiente y un partido de cualquier deporte empieza a parecer eterno, hablar de proyectos a largo plazo parece un chiste viejo, arrugado y mal contado.

En ese contexto, el dato ya ni sorprende: entre Primera y Nacional B, casi el 30 por ciento de los equipos cambió de entrenador en apenas una decena de fechas y menos de tres meses de competencia. Lo anormal se volvió rutina y hay entrenadores que se fueron con uno o dos partidos dirigidos, muchos sin siquiera disimular el famoso “mutuo acuerdo”.

Durante años la responsabilidad cayó sobre las dirigencias, sus internas políticas y sus urgencias. Y algo de eso aún se sostiene. Pero la pregunta incómoda es otra ¿qué porcentaje de todo esto empujan los hinchas y cuál es su real responsabilidad?

El hincha es parte de una sociedad que premia a un inversor de criptomonedas o a un apostador online por la velocidad con la que acumulan éxitos que a alguien que pasó años formándose y todos los días por ejemplo le salva la vida en un quirófano. Tic tac efímero, el reloj no sirve para gran parte de la sociedad. Ese hincha que pide a los gritos un equipo con identidad rechaza su búsqueda.

Si ese clima de urgencia e intolerancia fue capaz de llevarse puesto a Marcelo Gallardo, el técnico más importante de la historia reciente de River, ¿cómo no va a hacer volar por los aires a Hugo Colace o Ariel Broggi? A este ritmo, los entrenadores van a firmar contratos por bloques de partidos, como si fueran series. Diez capítulos y vemos.

Y no falta mucho para que esa lógica baje un escalón más. El jugador que hoy es ovacionado por un gol, mañana puede ser liquidado en el mismo partido por un remate afuera. Como un like y un hate en tiempo real. No es tan descabellado imaginar pantallas midiendo el humor de la tribuna, un minuto a minuto emocional del rendimiento.

El problema es que en esa velocidad no hay memoria ni margen. Y sin margen, no hay construcción posible. No hay tiempo real, hay tiempo en 3.0 como cuando escuchas mensajes a mayor velocidad para ahorrarte 20 segundos. Así funciona el fútbol todos quieren llegar más rápido al triunfo y eso hace olvidar al triunfo.

El problema no es que el fútbol se está quedando sin técnicos. El problema más grave es que se está quedando sin tiempo. Y lo más incómodo de todo es que los hinchas —tan víctimas como protagonistas— también están empujando para que eso suceda y nadie les avisa o les hace entender que cuando más rápido pasa el tiempo más rápido es el olvido y cuando se descuiden ni de la vuelta olímpica con un hijo se van a acordar.

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