La misión Artemis II de la NASA llega hoy a su clímax. Después de 10 días de travesía y más de un millón de kilómetros recorridos, la cápsula Orión debe ejecutar la maniobra más peligrosa de su viaje: el reingreso atmosférico. No es solo una cuestión de velocidad —la nave viajará lo suficientemente rápido como para dar la vuelta al mundo en una hora— sino de una precisión quirúrgica que no admite el más mínimo error.
A bordo viajan los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, los primeros en ver la cara oculta de la Luna en medio siglo. Hoy, su vida depende de un escudo térmico de titanio y 186 bloques de Avcoat que deberán actuar como un muro frente al plasma incandescente.
Fuego, silencio y precisión
El momento crítico ocurrirá cuando la nave impacte contra la atmósfera en un ángulo exacto de -5,8 grados. Un ingreso demasiado plano haría que la cápsula rebotara hacia el espacio como una piedra sobre un lago; un ángulo muy empinado sometería a la tripulación a fuerzas y calores letales.
Durante el descenso, la fricción elevará la temperatura exterior a los 2.700 °C, generando una capa de plasma que interrumpirá toda comunicación con la Tierra durante varios minutos. Es el famoso “apagón de radio”, donde el centro de control solo puede esperar a que la nave emerja del fuego.
El operativo de rescate en San Diego
El objetivo es un splashdown (amerizaje) frente a las costas de San Diego, California, previsto para las 21:07 de Argentina. Para garantizar la seguridad de los astronautas, la Armada de los Estados Unidos ha desplegado un operativo descomunal que incluye el buque USS John P. Murtha, helicópteros, buzos y aviones C-17 listos para cualquier contingencia.
La secuencia final se divide en tres actos:
Desaceleración: Tras el calor extremo, a 7.600 metros de altura, se despliegan los primeros paracaídas.
Estabilización: A 2.900 metros, los tres paracaídas principales (de 35 metros de diámetro cada uno) reducirán la velocidad de 500 km/h a unos escasos 27 km/h.
Impacto: La cápsula tocará el agua y activará cinco airbags naranjas para mantenerse erguida en el mar hasta la llegada de los rescatistas.
Lecciones de Artemis I
La NASA ajustó la trayectoria de este vuelo tras detectar en la misión anterior (no tripulada) algunos desprendimientos inesperados en el escudo térmico. Para Artemis II, se optó por un reingreso más directo y pronunciado, minimizando el tiempo de exposición al calor abrasivo para proteger a los cuatro héroes espaciales.
Si todo sale según lo previsto, en menos de dos horas tras el impacto, los astronautas estarán a bordo del buque de recuperación para sus primeros chequeos médicos. Es el cierre de una misión que no solo nos trajo de vuelta a la Luna, sino que pavimenta el camino para la instalación de una base permanente y el salto final hacia Marte.