Los nuevos cultivares surgidos de la colaboración entre la FAUBA y una empresa privada posicionan a la Argentina a la vanguardia del mejoramiento genético sustentable.
Los nuevos cultivares surgidos de la colaboración entre la FAUBA y una empresa privada posicionan a la Argentina a la vanguardia del mejoramiento genético sustentable.

El mercado global de frutas finas atraviesa una transformación impulsada por consumidores que buscan “snacks” saludables, ricos en antioxidantes y vitamina C. En este escenario, Argentina ha logrado consolidar una respuesta competitiva gracias a la innovación local.
Según informó Sobre la Tierra (SLT), el programa de mejoramiento genético desarrollado por la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) en conjunto con la empresa Early Crop ha dado un nuevo fruto: Moya, el cuarto cultivar de una serie diseñada para liderar las góndolas internacionales.
Esta colaboración público-privada, que se inició en 2009, ha logrado seleccionar cuatro variedades entre más de 30.000 plantas. Cada una responde a una demanda específica del mercado.
Mientras que la flamante Moya destaca por su gran calibre (18 mm) y un rinde de 6 kg/ha, sus predecesoras ya han ganado terreno: Naike es reconocida por su excelente sabor y textura, mientras que Tafí y Slender han sido premiadas por su resistencia natural a plagas y enfermedades.

El éxito de estos cultivares radica en tres pilares estratégicos detallados por Gustavo Schrauf, docente de Genética en la FAUBA. En primer lugar, son variedades extra tempranas, lo que permite cosechar en períodos donde la oferta mundial es baja y los precios son más elevados.
En segundo lugar, poseen una larga vida postcosecha, cualidad crítica para un país que exporta cerca del 90% de su producción y requiere que el fruto mantenga su calidad tras largos viajes.
Finalmente, su robustez las hace ideales para el manejo orgánico, un factor determinante considerando que el 80% de los arándanos argentinos de exportación se producen bajo estas normas.
“En el mundo hay pocos programas de mejoramiento que se enfoquen en manejos orgánicos”, destacó Schrauf a SLT, subrayando la ventaja competitiva de la genética nacional.
El impacto de este trabajo ha trascendido las fronteras, despertando el interés de potencias como Estados Unidos, China, Italia y España. Actualmente, el equipo liderado por Schrauf, junto a especialistas como Luis Taquini y Pablo Peralta, avanza en un proyecto de edición génica con China para lograr frutos aún más nutritivos y con mejores propiedades organolépticas.
El desafío pendiente, señala el informe de SLT, es adaptar estas genéticas —actualmente probadas con éxito en Tucumán— a otras regiones de Argentina y del mundo, asegurando que la ciencia argentina siga alimentando la demanda global de alimentos sanos y de alta calidad.
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