El hijo de Nicolás Maduro rompió el silencio

Nicolás Maduro Guerra reveló a El País detalles del cautiverio de su padre en Nueva York. Tras sobrevivir al ataque de enero, el exmandatario se refugia en la Biblia y la lectura, considerando su supervivencia como una victoria política personal.

Nicolás Maduro Guerra, hijo del ex Presidente de Venezuela

Cuatro meses han transcurrido desde la madrugada que fracturó la historia contemporánea de Venezuela. Nicolás Ernesto Maduro Guerra, hijo del exmandatario, relata por primera vez la angustia vivida el 3 de enero, cuando un ataque aéreo en Caracas lo llevó a dar por fallecido a su progenitor. En una entrevista exclusiva concedida a El País, el actual diputado de 35 años reconstruye el trauma de aquellas horas de incertidumbre, marcadas por un mensaje de despedida que recibió de su padre mientras las bombas caían sobre la capital. “Todos estábamos convencidos de que su vida terminaba ese día”, confiesa el joven dirigente, quien hoy es uno de los principales vínculos afectivos del prisionero en el exterior.

El contacto tras el estruendo y la vida en Brooklyn

Tras semanas de silencio absoluto, la primera comunicación telefónica llegó en febrero, conectando al legislador con el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn. Desde entonces, las charlas de apenas 500 minutos mensuales se han convertido en un registro histórico familiar. Maduro Guerra describe a un hombre que ha sustituido su antigua devoción por guías espirituales orientales por un estudio obsesivo de los textos bíblicos. “Se los aprendió de memoria; ahora nos recita versículos en cada llamada”, comenta con asombro. En la prisión federal, el otrora jefe de Estado comparte sus días con figuras variopintas —incluyendo un breve cruce con el rapero Tekashi 6ix9ine— y dedica su tiempo a devorar una biblioteca que ya supera los sesenta títulos, desde clásicos de la literatura latinoamericana hasta tratados políticos de Lenin.

Entre la autocrítica y la estabilidad política

A diferencia de la retórica confrontativa de su padre, Maduro Guerra muestra un perfil más reflexivo al analizar los eventos que condujeron a la captura del líder chavista. Al ser consultado sobre las causas del desenlace de enero, admite que hubo una combinación fatal de presiones externas y fallos internos. “Fue una suma de agresiones, sanciones y errores propios”, señala el presidente de la Comisión de Política Interior. Aunque evita profundizar en las diferencias ideológicas que mantenía con su progenitor, el diputado intenta marcar un relevo generacional, asumiendo su rol como miembro de un partido pero desligándose de las decisiones ejecutivas que precedieron a la crisis.

El horizonte jurídico y el sueño del retorno

Pese a que la pareja presidencial —su madrastra Cilia Flores también se encuentra recluida en el mismo complejo— enfrenta graves cargos federales por narcoterrorismo y armas, el entorno familiar apuesta a una resolución extrajudicial. El hijo del exmandatario reconoce que, si bien la batalla legal la lideran abogados de renombre como Barry Pollack, la libertad de su padre dependerá exclusivamente de una transacción política de alto nivel entre Caracas y Washington. Mientras tanto, se aferra a la idea de que su padre mantiene la moral intacta: “Él siente que su victoria es que sigue vivo”. El anhelo de la familia, según narra, no es el poder, sino regresar al sencillo apartamento de El Paraíso donde comenzó su carrera política.

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