Una segunda huelga general en Portugal en seis meses interrumpió el miércoles las actividades habituales en el país. El paro, convocado por la Confederación General de Trabajadores de Portugal (CGTP), protestó contra el proyecto de reforma laboral propuesto por el Gobierno minoritario de centroderecha del primer ministro Luís Montenegro, el cual planea modificar más de 100 artículos del código laboral.
La jornada estuvo marcada por una profunda disparidad en las evaluaciones: mientras la organización sindical calificó la movilización como masiva, el Ejecutivo catalogó el impacto en el sector privado como residual.
La reforma en disputa busca impulsar la productividad y estimular el crecimiento económico a través de medidas que facilitan los despidos con justa causa, eliminan límites a la subcontratación y permiten sustituir la reincorporación de trabajadores despedidos de forma ilegal por compensaciones económicas.
Para el secretario general de la CGTP, Tiago Oliveira, estas modificaciones representan una precarización del empleo juvenil y restringen derechos fundamentales, como el derecho a la huelga y la protección de los padres.
Por el contrario, la administración central defendió la necesidad de flexibilizar las normas tras el quiebre de las negociaciones con las representaciones gremiales.
El transporte y las escuelas bajo mínimos
Los servicios públicos registraron las mayores alteraciones durante la jornada. La compañía ferroviaria estatal CP (Comboios de Portugal) canceló la mayoría de las rutas regionales y de larga distancia, mientras que el Metro de Lisboa cerró sus accesos por completo.
En el sector de la aviación, la aerolínea de bandera TAP Air Portugal operó únicamente 79 de sus más de 300 vuelos diarios habituales, e Iberia reportó cancelaciones de entre el 50% y el 75%. La Asociación Nacional de Agencias de Viajes (ANAV) reportó un incremento sustancial en la demanda de asistencia para reprogramar itinerarios y alertó sobre los efectos negativos en la confianza de los viajeros.
El sector educativo sufrió repercusiones directas que impidieron el normal desarrollo de las evaluaciones oficiales. La ministra de Trabajo, Maria do Rosário Palma Ramalho, informó que entre el 38% y el 45% de los centros educativos del país permanecieron cerrados debido a una adhesión del 41% entre el personal no docente y del 24% entre los profesores, lo que impidió que el 40% de los alumnos realizara el examen nacional de portugués.
En el ámbito sanitario, la sanidad pública pospuso cirugías y citas programadas debido al paro de enfermeras, aunque el sector hospitalario privado funcionó con normalidad.