Obligaciones y controles
Paralelamente, la reforma estableció mecanismos de coordinación entre diferentes sectores de la administración pública. El Servicio Público de Empleo, la Agencia de Seguridad Social, la Agencia de Impuestos y el Servicio Penitenciario, entre otros organismos públicos, tendrán la obligación de notificar directamente a la Policía sueca si detectan indicios de que un extranjero reside de forma irregular en el país.
Para facilitar la identificación de los ciudadanos, las fuerzas de seguridad recibieron autorización para custodiar y registrar teléfonos móviles, además de ampliar el uso de fotografías y huellas dactilares. Por otra parte, las modificaciones relativas a los delitos penales, que iniciarán su vigencia el uno de septiembre, elevarán las exigencias para evitar la deportación por arraigo, por lo cual se estima que las expulsiones anuales pasarán de unas 500 a 3.000.
Recepción y legalidad
Organizaciones civiles y sindicatos profesionales, entre los que constan la Asociación Médica Sueca y el grupo Civil Rights Defenders, expresaron su rechazo ante la medida mediante manifestaciones públicas. Los sectores de oposición argumentaron que la indeterminación de los criterios sobre el estilo de vida genera incertidumbre y vulnera principios jurídicos fundamentales.
El director jurídico de Civil Rights Defenders, John Stauffer, declaró que la determinación debilita el estado de derecho al fragmentar la cohesión social y socavar la igualdad ante la ley. Las apelaciones contra las resoluciones administrativas de expulsión deberán ser tramitadas ante los tribunales de migración correspondientes.
La implementación de estas pautas plantea interrogantes sobre el equilibrio entre la seguridad soberana y las garantías individuales en el entorno europeo. Queda por ver de qué manera aplicar las evaluaciones de conducta sin incurrir en fallos de discrecionalidad administrativa o afectaciones a los derechos civiles de los residentes.