En el mundo de la literatura los escritores alguna vez quisieron escribir como Borges, en el mundo de la filosofía moderna los filósofos quisieron alguna vez crear el método de Descartes, en el mundo de la música los músicos quisieron alguna vez inventar un universo musical como Johann Sebastian Bach y en la ciencia los científicos intentan aún hoy encontrar una teoría como encontró Albert Einstein. En el fútbol todos quieren hacer algo, al menos algo, de lo que hace Messi.
Aquellos crearon universos en sus artes donde todos los demás sintieron la obligación de habitar y a admirar. Messi hace rato que hace exactamente lo mismo y ahora en el final de su carrera sigue creando modos de competir en el fútbol, para que todos los que juegan el mismo juego sientan la necesidad de mirar, estudiar y consumir todo lo del 10 argentino.
Su universalidad, la misma que tuvieron Borges, Bach, Einstein y Descartes, explota como un big bang creador en esta Copa del Mundo donde casi que resulta una obviedad que sea el máximo anotador.
Revolviendo la historia se puede decir que Borges logró que cualquier ficción parezca real y verdad, Descartes hizo que la duda sea un motor de la razón, Bach logró que la música se escriba, Einstein pudo hacer ver que el tiempo y el espacio no eran absolutos y Messi está consiguiendo que cualquier jugada en un partido quizá sea la antesala de algo magnífico.
En este sentido, Messi está rompiendo una regla mundial de impaciencia donde nadie pasa una y media haciendo lo mismo, excepto cuando él está en una cancha. Dejar de mirarlo puede llegar a ser fatal para las ansias de presenciar algo extraordinario.