La evolución de los precios de la economía argentina asumió una dinámica de ‘serrucho’. El último informe del INDEC registró una inflación del 2,1% para julio, interrumpiendo tres meses consecutivos a la baja y confirmando un escenario macroeconómico atravesado por la volatilidad mensual.
Las cuatro claves de la inflación en julio:
Estacionalidad: Subas pronunciadas en recreación, hotelería de invierno y verduras frescas.
Impacto cambiario: Consecuencias del aumento del 5% del dólar mayorista registrado en junio.
Combustibles: Incremento acumulado del 24% en la nafta entre febrero y julio.
Tarifas de servicios: Continuidad en la quita de subsidios para sostener el superávit fiscal.
El índice de julio representó un leve pero significativo rebote frente al 1,9% alcanzado en junio. De esta manera, los precios volvieron a acelerarse en un ciclo marcado por alzas y bajas temporales, dejando atrás la consolidación del sendero descendente inicial.
Para comprender este comportamiento irregular, los economistas identifican cuatro factores determinantes. El primer componente son los precios estacionales, impulsados fuertemente por los gastos de turismo vinculados al receso invernal y por el incremento sustancial en el rubro de las verduras frescas.
El impacto del dólar y los combustibles
La consultora LCG precisó que la inflación núcleo (sin contar estacionales ni regulados) también registró un alza, pasando del 1,6% al 1,8% mensual. En este desglose estadístico, el sensible rubro de Alimentos y Bebidas pasó del 1,3% al 2%.
El segundo factor que empujó el IPC está vinculado a la presión cambiaria reciente. El economista Julio Neufeld, de la Fundación Libertad y Progreso, señaló que la depreciación del 6% en el tipo de cambio mayorista entre mayo y julio impactó directamente sobre los bienes transables de la canasta básica.
El tercer elemento clave es la evolución del costo del combustible a nivel global. El ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció que la duplicación del precio del petróleo por el conflicto en Medio Oriente terminó repercutiendo en los surtidores locales.
A pesar de la implementación del esquema ‘buffer’ para amortiguar el traslado de costos internacionales, la nafta acumuló un repunte del 24%. Este aumento sostenido impactó de manera transversal sobre los costos de transporte y las cadenas de logística empresariales.
Tarifas y perspectivas de desinflación
Finalmente, la cuarta pieza del complejo engranaje inflacionario son los ajustes en las tarifas de servicios públicos. La reducción de los subsidios estatales para sostener el equilibrio fiscal mantiene un empuje continuo sobre los precios regulados y fijos de los hogares.
Desde la consultora ACM sostienen que los bienes de consumo continuarán actuando como ancla inflacionaria, favorecidos por la apertura comercial. Por el contrario, anticipan que las tarifas seguirán mostrando mayor presión alcista debido a la inevitable corrección de los precios relativos.
A pesar de la trayectoria fluctuante, el consenso del mercado espera que la desinflación se retome en los próximos meses. Para el mes de agosto, diversas consultoras privadas proyectan que el índice podría desacelerarse hasta perforar el piso del 1,8%.