La Navidad reactiva rivalidades y duelos en familias , según expertos. Tres factores clave generan roces, pero estrategias simples permiten encuentros más armónicos.
La Navidad reactiva rivalidades y duelos en familias , según expertos. Tres factores clave generan roces, pero estrategias simples permiten encuentros más armónicos.

La temporada navideña, cargada de un profundo valor simbólico asociado a la armonía y el encuentro, se convierte anualmente en un terreno fértil para el surgimiento de frustraciones y conflictos para una porción significativa de la población.
La mesa festiva, que convoca a toda la familia, no siempre resulta en alegría, sino que, en ocasiones, expone tensiones acumuladas y situaciones no resueltas.
El doctor Rolando Salinas, jefe de Salud Mental del Hospital Alemán, explicó que la vulnerabilidad inherente a las reuniones familiares es una causa común de malestar. Las decisiones logísticas —desde el sector familiar a elegir para el encuentro hasta la organización para evitar herir susceptibilidades o forzar la convivencia— configuran, a menudo, una situación compleja.
Según el psicoterapeuta, Sean Grover, el estrés navideño se cimienta sobre una “tríada” de factores principales que fragilizan el estado de ánimo y la interacción:
Agotamiento: Los preparativos, las compras de último momento y los traslados o viajes generan un cansancio extremo, facilitando reacciones emocionales abruptas.
Regresión: El retorno al ámbito familiar de la infancia puede reactivar dinámicas y traumas que parecían superados. Este fenómeno incrementa la irritabilidad, reavivando rivalidades fraternas o reproches históricos, según detalló el doctor Salinas.
Exceso de Indulgencia: La ingesta elevada de alcohol u otras sustancias en los festejos es un intento de mitigar afectos dolorosos, pero disminuye drásticamente el juicio y el autocontrol, lo que facilita el quiebre de la interacción armoniosa.
A estos factores se suma la presión económica y social. La sobrecarga desigual en la organización, la falta de reconocimiento y el estrés económico, junto con el surgimiento de duelos por las ausencias (muertes, separaciones o mudanzas) y el denominado “síndrome del nido vacío“, actúan como detonantes.

La psicóloga Silvia dal Ben señaló que el conflicto se exacerba porque las reuniones reúnen a personas con diferencias profundas en valores o estilos comunicacionales. Las elevadas expectativas de armonía y felicidad que rodean la festividad chocan contra la realidad de los vínculos, que suelen ser ambivalentes (el afecto coexiste con los desacuerdos).
Para manejar al familiar que siembra la discordia sin recurrir al silencio, la experta recomienda estrategias de comunicación asertiva. El objetivo no es imponer la opinión, sino expresarla de forma respetuosa:
Enfoque personal: Utilizar la primera persona al hablar (“Yo creo que…”) en lugar de culpar o señalar al otro.
Tono y momento: Elegir el momento oportuno y mantener siempre un tono tranquilo y amable para asegurar que el mensaje sea bien recibido.
Desescalar: Ante comentarios sensibles o que buscan la confrontación, es útil responder con tranquilidad, cambiar de tema o señalar de forma respetuosa que la conversación se desvía.

Para transitar estas fechas con mayor tranquilidad, los expertos coincidieron en varias estrategias preventivas y de gestión. Es fundamental disminuir la idealización del encuentro.
La planificación es crucial: aclarar las reglas de la reunión con anticipación, definiendo horarios y la distribución de los gastos, ayuda a prevenir roces. Además, es necesario aceptar las limitaciones familiares y distinguir los conflictos pasados del presente.
Finalmente, proteger a los niños de los conflictos adultos para preservar la magia de la infancia y evitar detonantes específicos, como la política o los recuerdos dolorosos, son prácticas que refuerzan la paz. La calidad del encuentro debe primar sobre el aspecto material o económico, facilitando buenos recuerdos a pesar de las diferencias.
Este momento del año pone en evidencia la dificultad inherente de ensamblar y cuidar los vínculos a pesar de las diferencias. Más allá de la ilusión de la armonía perfecta y los aspectos materiales del festejo, la Navidad se presenta como una oportunidad crucial para revisar con honestidad las relaciones familiares y ejercitar la tolerancia.
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