En medio de causas judiciales y tensiones con el Gobierno, Claudio Tapia contraatacó con una denuncia penal contra la IGJ.
En medio de causas judiciales y tensiones con el Gobierno, Claudio Tapia contraatacó con una denuncia penal contra la IGJ.

En medio de investigaciones judiciales, tensiones con el Ejecutivo y sospechas internas, Claudio “Chiqui” Tapia reunió al ascenso, desafió a sus detractores y avanzó con una denuncia penal contra el titular de la IGJ. La AFA endurece su estrategia y convierte la crisis en una disputa política y de poder.
En un clima de máxima tensión institucional, el presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, Claudio Tapia, decidió cerrar filas, blindar a su círculo de confianza y pasar al contraataque frente a las investigaciones que rodean a su gestión. En menos de una semana, Tapia reunió a los dirigentes del ascenso, defendió públicamente a su tesorero Pablo Toviggino y denunció penalmente al titular de la Inspección General de Justicia, Daniel Vítolo, por presunto abuso de autoridad.
El primer movimiento fue hacia adentro del fútbol. En el tercer piso del edificio de la AFA, sobre la calle Viamonte, Tapia convocó a más de cincuenta dirigentes del ascenso —Primera Nacional, B Metropolitana, Primera C y Federal A— en una reunión rodeada de hermetismo extremo. Los asistentes debieron dejar sus celulares fuera del salón, en una señal clara del temor a filtraciones. Allí, el presidente no habló de números ni de ingresos televisivos, como esperaban muchos, sino que fue directo al mensaje político: “No voy a entregar al tesorero”, dijo, en referencia a Toviggino, investigado por el origen de los fondos de una casaquinta en Pilar.
Lejos de bajar el tono, Tapia redobló la apuesta. “A los que me quieren ver preso, los espero en abril”, lanzó ante su auditorio, en una frase que fue interpretada como un desafío abierto a sectores del poder político y judicial. En el entorno del presidente hablan de “operaciones mediáticas” y de una campaña para debilitar a la conducción de la AFA. El respaldo del ascenso no tardó en hacerse público: dirigentes alineados celebraron lo que definieron como un apoyo irrestricto a la conducción actual.
Ese respaldo no es casual. El fútbol del interior y del ascenso fue la base política que catapultó a Tapia al poder y sigue siendo el sostén central de su liderazgo. En ese marco, el presidente confirmó que la AFA distribuye cerca de $30.000 millones anuales entre los clubes del ascenso, una cifra que cuadruplica los contratos anteriores, y anunció que se abrirá una licitación privada por los derechos televisivos, cuyo cierre está previsto para los próximos días.
Pero mientras se blindaba puertas adentro, Tapia decidió avanzar en el plano judicial. La AFA presentó una denuncia penal contra Daniel Vítolo, titular de la IGJ, por abuso de autoridad y violación de los deberes de funcionario público. El expediente quedó radicado en el juzgado federal que subroga Sebastián Casanello y será investigado por el fiscal Carlos Stornelli. La presentación se produce luego de que la IGJ pusiera bajo la lupa los balances de la AFA y analizara la posibilidad de designar un veedor oficial dentro de la entidad.
El conflicto con la IGJ se da en un contexto más amplio de enfrentamiento con el Gobierno de Javier Milei. A la disputa administrativa se suma una denuncia de la ARCA por presunta apropiación indebida de tributos y aportes previsionales por $7.500 millones, causa en la que Tapia sí figura imputado. Además, existen otras investigaciones abiertas, tanto en la Argentina como en Estados Unidos, vinculadas a relaciones comerciales de la AFA y a estructuras financieras asociadas al mundo del fútbol.
Tapia, sin embargo, minimiza el frente judicial. La semana pasada, en Mar del Plata, insistió en separar “la realidad de los medios y la de la gente” y sostuvo que atraviesa el proceso “tranquilo”. La estrategia parece clara: transformar la presión judicial en una disputa política, reforzar lealtades internas y mostrarse como un dirigente acorralado por el poder, pero respaldado por el fútbol.
Así, la crisis de la AFA dejó de ser solo administrativa o judicial y pasó a ser una batalla de poder abierta, donde Tapia eligió no retroceder, sino atrincherarse, confrontar y judicializar el conflicto, convencido de que su fortaleza sigue estando en el entramado del fútbol argentino que lo llevó hasta la cima.
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