La emblemática cadena de panaderías Pan Danés atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia. En medio de un escenario recesivo que ha golpeado con dureza el poder adquisitivo de los hogares argentinos, la firma se vio obligada a recurrir a un concurso preventivo para intentar reordenar su estructura y evitar la quiebra total. La situación se refleja en cifras alarmantes: registros del Banco Central reportan 57 cheques rechazados por un monto que supera los $58,7 millones.
El deterioro del modelo de negocio de la compañía, que en su época de mayor expansión llegó a gestionar 25 sucursales y emplear a 150 trabajadores, es una muestra del impacto de la inflación y el alza de costos operativos. Según detalló la propia empresa en su presentación judicial ante el Juzgado Nacional en lo Comercial N° 15, el volumen de ventas sufrió una caída abrupta superior al 50% respecto a sus promedios históricos.
Para intentar sostener la actividad, la firma implementó un plan de contingencia que incluyó la renegociación de alquileres, optimización de costos y cambios en la red de proveedores. Sin embargo, estas medidas no impidieron el cierre de puntos de venta clave en barrios porteños de alta rotación, como los locales de Belgrano (Echeverría y Ciudad de la Paz) y el de Villa del Parque (calle Cuenca).
Fuentes cercanas al caso señalaron que, por el momento, la prioridad de la empresa es preservar los puestos de trabajo y cumplir con el pago de salarios, a pesar de que la cesación de pagos se volvió ineludible debido a la imposibilidad de cubrir los descubiertos bancarios. El modelo de Pan Danés, basado en la panificación artesanal con una planta centralizada de 1.700 metros cuadrados, requiere una alta rotación diaria que hoy el mercado no convalida.