La tensión entre las dos mayores economías del continente americano ha escalado de manera drástica tras la decisión de la Casa Blanca de aplicar un recargo del 25% a una amplia variedad de manufacturas brasileñas. La medida arancelaria, anunciada por el Departamento de Estado norteamericano bajo la dirección de Marco Rubio, se fundamenta en los resultados de una serie de auditorías comerciales que acusan al gigante sudamericano de incurrir en prácticas de competencia desleal. Desde la perspectiva de Washington, la administración de Luiz Inácio Lula da Silva ha mostrado desinterés en consolidar un marco de negociación equilibrado, priorizando posturas soberanistas en detrimento de un entendimiento bilateral.
La réplica de Brasilia no se hizo esperar. El Ejecutivo liderado por el mandatario progresista desestimó la legitimidad de las penalizaciones y comunicó la puesta en marcha inmediata de los mecanismos de reciprocidad para gravar con el mismo porcentaje a las mercancías provenientes de los Estados Unidos. Este recrudecimiento de la disputa arancelaria se produce en un escenario sumamente sensible, coincidiendo con la antesala de la campaña para las elecciones presidenciales de octubre, donde Lula da Silva medirá fuerzas contra el senador Flávio Bolsonaro, principal exponente de la derecha y aliado ideológico del republicanismo norteamericano.
En el trasfondo del diferendo técnico, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos ha cuestionado con dureza diversas políticas brasileñas, entre las que destaca el éxito de la plataforma pública de pagos instantáneos PIX. Washington argumenta que este sistema financiero ha desplazado de forma asimétrica a las corporaciones tecnológicas y emisoras de tarjetas de crédito norteamericanas. Ante las presiones para desmantelar o regular la herramienta digital, los negociadores del Planalto mantuvieron una postura intransigente, defendiendo la soberanía del sistema desarrollado por su Banco Central y rechazando asimismo otorgar mayores concesiones para el ingreso de biocombustibles estadounidenses.
Para evitar un desabastecimiento crítico o daños colaterales en las cadenas globales de valor, la Casa Blanca habilitó una nómina de exclusiones que supera las dos mil categorías. De esta manera, materias primas de gran relevancia como la pulpa de celulosa, el jugo de naranja concentrado, los granos de café, la carne vacuna y los componentes para la industria aeronáutica no sufrirán modificaciones en sus costes de ingreso. No obstante, las sanciones fiscales golpearán de lleno a sectores clave como el siderúrgico, la maquinaria vial y agrícola, los insumos farmacéuticos, los textiles y los vehículos de pasajeros, además de bienes de consumo cultural y publicaciones impresas.
Pese al impacto mediático del gravamen, el sector empresarial y las autoridades económicas de Brasil prevén que el perjuicio real sobre el aparato industrial sea manejable. En la última década, el flujo exportador de la nación sudamericana ha experimentado una fuerte diversificación, consolidando a China como su socio comercial preponderante, mientras que los envíos dirigidos a los puertos estadounidenses representan actualmente solo el 11% de la oferta exportable total del país. Además, el antecedente de las sanciones del año anterior demostró que la reubicación de excedentes en otros mercados y la inyección de subsidios estatales logran neutralizar de manera eficaz las trabas arancelarias de la Casa Blanca.
En el plano político, el conflicto arancelario se perfila como un catalizador para el discurso nacionalista del oficialismo. El equipo de campaña de Lula da Silva ha instrumentalizado la medida para catalogar a la oposición de alinearse con intereses extranjeros en detrimento de la producción local, especialmente tras las recientes gestiones de Flávio Bolsonaro en Washington para intentar postergar los aranceles. Esta retórica soberanista parece estar rindiendo frutos en la opinión pública; los últimos sondeos de cara a los comicios reflejan un fortalecimiento en la imagen del actual presidente, quien logra estirar su ventaja frente a su rival en un clima de alta polarización.