La entrevista para reconstruir su perfil, iba a comenzar con las típicas preguntas sobre la infancia y primeros pasos, pero el video obligó a dar inicio con una nueva: ¿Qué te motiva a semejantes actos, no te cansas? Y su respuesta fue concisa: “En el mundo, estamos en un momento de una acumulación de cansancio importante, pero la posibilidad de accionar con otres [SIC] me renueva la energía. Sostener la voluntad de protestar y de interrumpir este ciclo de crueldad neofascista, como sea, cada vez que se pueda, es lo único que me da vida y me carga las baterías, igual que cuando nos movilizamos”.
Marta y su historia
Nacida en el barrio de Flores, Marta es hija de la maestra y abogada salteña, Marta Angélica Taboada de Dillon, también militante pero del grupo armado revolucionario FR-17. Debido a la clandestinidad, la familia se debió mudar a Moreno donde Marta (hija) pasó su infancia. En 1976 la mamá fue secuestrada y asesinada por el terrorismo de Estado y la niña de once años se tuvo que ir a vivir a Mendoza. A partir de allí, su vida cambió por completo… o más bien, comenzó a cambiar para siempre. Además de poner el cuerpo, una de sus principales virtudes es la pluma y fue en la provincia cuyana donde dió sus iniciales pasos en la profesión que anhelaba, específicamente en Radio Nacional Mendoza: “Cerdos y Peces me inspiró a querer estudiar periodismo” admite.
En su regreso a Buenos Aires, Marta vivió en la zona sur de la ciudad y comenzó a trabajar de secretaria aunque rápidamente se convertiría en redactora del Diario Sur. La experiencia es rememorada sonrientemente: “fue la última redacción bohemia donde sonaban las máquinas de escribir, donde pedíamos café con el vasito de agua para poder ponerle ginebra después; inclusive elegí la sección de policiales para estar con gente aún más bohemia y andar por los barrios bajos. Imaginate que movimos la redacción al bar de enfrente”.
Un tiempo después, pasaría a formar parte de Página 12 donde escribió su capítulo más largo. Creadora de míticos suplementos como “Las 12”, “Convivir con Virus” y “SOY”, Marta tocó temáticas difíciles de abordar desde el periodismo noventoso y lo hizo con altura, ingenio y profesionalismo. Le dió al diario fundado por Jorge Lanata una impronta única pero su despedida no fue en buenos términos: “estuvo buenísimo entrar, pero siempre cobré mucho menos de lo que debería haber cobrado, es la gracia de Página 12, ¿no?” recuerda con acidez y agrega: “La peor experiencia en un trabajo fue cuando en ese periódico me dijo su director Hugo Soriani, ya fallecido, que si yo me jubilaba, era igual de reemplazable que cualquiera”.