Tras un ciclo de ocho meses marcados por la destrucción de puestos laborales, las estadísticas oficiales de febrero mostraron una interrupción en la tendencia negativa del empleo registrado, aunque el fenómeno carece de solidez en el ámbito privado. Según el último relevamiento del Sistema Integrado Previsional Argentino, la creación de poco más de ocho mil vacantes estuvo motorizada fundamentalmente por el sector público y el servicio doméstico, mientras que las empresas privadas apenas aportaron una variación marginal del 0,02%. Este escenario de parálisis productiva se profundiza en la actividad manufacturera y el comercio, sectores que continúan perdiendo personal de manera ininterrumpida y sitúan los niveles de ocupación industrial en mínimos históricos, afectando incluso a rubros tradicionalmente estables como la elaboración de productos alimenticios.
La fragilidad del mercado de trabajo no solo se manifiesta en la falta de dinamismo corporativo, sino también en una creciente degradación de las condiciones de contratación. Durante la gestión actual, la desaparición de casi trescientos mil empleos formales ha sido compensada parcialmente por el incremento del monotributo, señalando una migración hacia formas de trabajo más precarias. En el terreno de los ingresos, el panorama es igualmente crítico: en marzo, los sueldos pactados mediante negociaciones colectivas sufrieron una nueva retracción real del 0,5% ante el recrudecimiento del índice de precios. Esta tendencia marca la tercera caída consecutiva de los salarios de convenio, acumulando un deterioro del 6% en los últimos meses debido a que la inflación mensual, que alcanzó su pico máximo anual, superó la capacidad de ajuste de las mesas paritarias.
Existe, además, una brecha cada vez más nítida entre lo acordado en los contratos colectivos y los sueldos que efectivamente se perciben, lo que evidencia una pérdida de protagonismo de las paritarias en la regulación de la economía familiar. Mientras que los promedios salariales generales muestran una resistencia estadística impulsada por los sectores de ingresos más altos, la mayoría de los trabajadores vinculados a los convenios base quedan rezagados. Esta dinámica revela una profundización de la desigualdad interna en las organizaciones, donde los ajustes discrecionales sobre los salarios jerárquicos logran empatar a la inflación, mientras que los sueldos de la base operativa quedan atrapados en acuerdos que no logran cubrir el encarecimiento del costo de vida.