Las cadenas españolas culminan su retiro definitivo de la industria turística cubana

Las cadenas hoteleras españolas Meliá e Iberostar completaron su salida definitiva de Cuba debido al endurecimiento de las sanciones de Estados Unidos y la severa crisis energética de la isla, poniendo fin al histórico modelo turístico ibérico en la región.

Cadena hotelera Melia

La presencia de las grandes firmas de alojamiento europeo en territorio cubano llegó a su punto final de manera irreversible. A través de una notificación enviada a las autoridades de los mercados bursátiles españoles, la filial del grupo Meliá formalizó que el veinticuatro de julio interrumpirá definitivamente la totalidad de sus actividades operativas, comerciales y de representación en el archipiélago. La determinación, tomada bajo el amparo de la prudencia contable, se fundamenta en la imposibilidad de mantener los estándares mínimos de funcionamiento ante el deterioro de las condiciones económicas, logísticas y jurídicas que imperan en la nación caribeña.

Con este paso se consolida un proceso de repliegue que la compañía de la familia Escarrer ya había puesto en marcha semanas atrás con el cierre de quince complejos de su portafolio. De esta manera, Meliá sigue el rumbo trazado por otras corporaciones del sector como Iberostar, certificando el cese del modelo de resorts vacacionales instaurado por el capital español décadas atrás y marcando un hito en la reestructuración del mapa turístico regional.

La desarticulación del negocio hotelero internacional coincide con el endurecimiento de las medidas coercitivas impulsadas desde la capital estadounidense. El Departamento de Estado, bajo la conducción de Marco Rubio, ha elevado las restricciones sobre las corporaciones globales que mantienen vínculos comerciales con los organismos estatales de La Habana. Este cerrojo diplomático, enmarcado en una doctrina de reafirmación de hegemonía en el hemisferio occidental, busca asfixiar financieramente a la administración local mediante imputaciones sobre presuntas actividades destabilizadoras.

A este escenario geopolítico se le añade un colapso severo en los servicios públicos del país. La falta crítica de carburantes ha paralizado la generación eléctrica, afectado la red de insumos básicos y provocado la interrupción sistemática de la conectividad aérea internacional, vital para el flujo de visitantes procedentes de Norteamérica. Ante la merma sustancial de viajeros y los graves inconvenientes de abastecimiento, los operadores extranjeros dieron por concluidas sus actividades, evaluando ahora el impacto de la desinversión en sus balances contables.

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