Santilli en la Jefatura de Gabinete: equilibrio interno y la sombra del PJ

El nuevo ministro coordinador asume en un puesto que define en privado como una “silla eléctrica”. Entre la interna libertaria y la amenaza de Axel Kicillof en la Provincia, las claves de una jugada que altera los planes para el 2027.

Diego Santilli. Foto NA

El escenario político nacional sumó un nuevo capítulo de alto impacto con la jura de Diego Santilli como flamante jefe de Gabinete. El nombramiento, que consolida la alianza estratégica entre sectores clave del PRO y la cúpula de La Libertad Avanza, trae consigo un complejo entramado de desafíos de gestión, recelos internos y proyecciones electorales. En la Casa Rosada el clima es de máxima alerta, no solo por el ordenamiento del organigrama gubernamental, sino por las jugadas tácticas que empieza a esbozar el peronismo bonaerense de cara al futuro cercano.

El principal factor de preocupación para el oficialismo radica en el territorio bonaerense. El Gobierno sigue de cerca los movimientos de Axel Kicillof y un grupo de intendentes del PJ, quienes evalúan seriamente la posibilidad de desdoblar las elecciones provinciales el año que viene. El momento en que se celebren estos comicios moldeará de manera definitiva la estrategia de los libertarios en el distrito más poblado del país. De confirmarse el desdoblamiento, los planes trazados originalmente por Karina Milei podrían sufrir una profunda reconfiguración, obligando al oficialismo nacional a acelerar los tiempos de su armado territorial.

Hasta hace apenas unos días, en el entorno de Santilli estaban convencidos de que su destino natural e inmediato era la candidatura a la gobernación bonaerense, dando por saldadas las discusiones con los armadores locales. Sin embargo, su entronamiento como jefe de Gabinete modificó radicalmente las perspectivas. En privado, el propio Santilli ha calificado históricamente a este puesto como una “silla eléctrica” o una “silla caliente”, debido a la altísima exposición y al desgaste fulminante que sufrieron sus antecesores en menos de tres años de gestión (Nicolás Posse, Guillermo Francos y Manuel Adorni). El riesgo latente para sus allegados es que una exposición temprana en las urnas termine “quemando” la figura del ministro coordinador, afectando la gestión nacional sobre la cual Javier Milei busca apoyar su proyecto de reelección.

A partir de ahora, Santilli se dispone a encarar una tarea que requerirá dotes de cirujano político: hacer un delicado equilibrio entre Karina Milei y el influyente asesor Santiago Caputo. Aunque el nuevo jefe de Gabinete mantendrá una relación prioritaria y de extrema fidelidad con la secretaria general de la Presidencia —de quien destacan que “siempre pagó bien” en el reparto de lugares y listas—, también deberá gestionar la sintonía con Caputo para evitar cortocircuitos en la mesa chica del poder. En el campamento del consultor miran con cierto escepticismo el esquema, argumentando que una jefatura con “dos cabezas” fácticas suele ser infructuosa a largo plazo.

En cuanto a su identidad política, tanto en el karinismo como en el “santillismo” coinciden en que no es momento de que el funcionario se pinte completamente de violeta. La estrategia consensuada es que Santilli se mantenga fiel a su último origen (al amarillo) para tejer los puentes y consensos políticos necesarios con la oposición dialoguista, un rol en el que se siente cómodo gracias a su perfil volcado netamente a la gestión. Mientras tanto, las felicitaciones públicas emitidas desde el PRO orgánico fueron recibidas con recelo por algunos de sus alfiles, quienes leyeron esos mensajes como un intento de “apropiación” o un “abrazo de oso” para cobrarse facturas internas. Por lo pronto, los objetivos inmediatos de Santilli serán estrictamente ejecutivos: militar la gestión a pleno y apuntalar la imagen del Presidente, dejando las ambiciones para el 2027 bajo un prudente manto de reserva.

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